Buenos Aires “¿Perla Europea?”

edificioottowulflu7.jpg¿Cuán parecida a París es Buenos Aires? ¿y cuán parecida a Madrid? Quizás, por lo menos así quieren creerlo los porteños, pero no es en el barrio de La Boca donde hay que buscar el parecido (pero para insistir en encontrar el parecido, habría que impedir la destrucción sistemática de los petit–hotel que alguna vez caracterizaron a la ciudad y que hoy caen para convertirse en torres desangeladas). Los ribetes madrileños, se sabe, hay que buscarlos a la vera de la Avenida de Mayo, donde desde hace más de un siglo se levanta el Tortoni –cuenta la leyenda que Luigi Pirandello asistió allí a una presentación de Carlos Gardel– y donde se afincó Federico García Lorca durante su estadía porteña, en el Hotel Castelar, que conserva aún recuerdos del escritor. Uno de los hitos de la avenida, sin embargo, es más italiano que español: se trata del Palacio Barolo, curiosamente construido siguiendo una estructura inspirada en la Divina Comedia dantesca.

En cuanto a la Buenos Aires afrancesada, que se concentra sobre todo en las mansiones de la Recoleta, se encuentra dispersa también un poco por todas partes: sólo hay que prestar atención para encontrarla también en lugares inesperados, como en el salón de actos del Colegio Nacional de Buenos Aires, de juveniliana memoria, inspirado en la sala principal de la Opéra Garnier de París, o en el frente de la ex Ferretería Hirsch, cuya estructura fue realizada en la fábrica de Gustave Eiffel. No menos curioso es el origen de un edificio situado en Perú y Belgrano, el “Edificio Otto Wulf†o “Edificio de la Virreinaâ€, que fuera levantado entre 1912 y 1914 como sede de la legación imperial austro-húngara. Inspirado en el Jugendstil propio de la Viena de principios del siglo XX, sobresalen sobre los techos de Montserrat sus dos cúpulas, una que representa al emperador Francisco José y otra, más baja, que representa a su esposa Elisabeth de Baviera, la emperatriz Sissi.

Pero Buenos Aires, se sabe, se niega a identificarse con un solo origen: lo suyo es cierto eclecticismo, cuando no la anarquía. Por eso, para ver casi todo de una vez, hay que darse una vuelta por el vistoso edificio de Aguas de la Avenida Córdoba, construido a fines del siglo XIX sobre el proyecto de un estudio inglés dirigido por un sueco, donde se mezclan los techos de pizarra francesa con decoraciones de cerámica importada de Inglaterra –decenas de miles de pequeñas piezas ensambladas en las cuatro fachadas– y mosaicos, esmaltes y vitrales de inspiración italiana.

Por último, el gigantesco crisol que fue el Río de la Plata tiene reflejo también en iglesias de varias ramas que se encuentran en la ciudad: entre ellas la Iglesia Dinamarquesa de San Telmo, con su rara fachada neogótica, la Iglesia Ortodoxa Rusa de Parque Lezama, con sus cúpulas acebolladas de un visible color turquesa, la Iglesia Presbiteriana San Andrés, fundada por los escoceses y hoy situada en Avenida Belgrano, y la Catedral Anglicana del microcentro, en la calle 25 de Mayo, la antigua “calle del pecado†(no es difícil imaginar por qué, dada la cercanía del puerto).

Fuente: pagina12.com.ar

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